jueves, 22 de noviembre de 2007

LUCIA, MI TESORO...

Tengo la hija mas bonita del mundo. Es una princesa, que lo ve todo rosa, se viste de rosa, con el pelo suelto de princesa y faldas que vuelan…que busca los tacones de mama, si hace falta se los quita. Se pone sus medias cortas (a ella le llegan hasta la ingle), y se pinta los labios.
Eso es ahora, que tiene 3 años y medio. Pero aunque la memoria es débil, yo todavía recuerdo como empezó a caminar, como empezó a hablar, y sus palabras mas bonitas….piriposa (mariposa), colache (chocolate), birirón (biberón)…

Es mi linda princesa, unaniña cariñosa, preciosa, lista y buena. Buena, muy buena. Con su carácter. Ese que intenta imitar del mío. Sin saber equilibrarlo muy bien aún con su enorme deseo de que yo esté contenta con ella.

Recuerdo como, con dos añitos, todavía la llevaba yo a la cama, y hasta que no se dormía, no me iba yo de su lado. Solía yo intentar meditar mientras ella se dormía, pero al parecer, en lugar de dormirse, prefería abrazarse a mi, primero tumbaba su cabeza sobre mis piernas cruzadas. Yo la acariciaba la espalda para que se mantuviera tranquila…Luego se ponía de rodillas frente a mi, y me miraba, me acariciaba la cara. Luego se sentaba en mi regazo mientras yo, todo el tiempo, hacía como que no le prestaba atención. En ocasiones, aunque le pedía que no me hablara, no podía evitarlo, y …ella susurraba…”mamiiiii, mammiiiii, quio agua….” Imposible no interrumpir la meditación, “bebe agua mi vida…” y vuelta a empezar. Entonces, ya tocaba abrazarse a mi, calladita….hasta que ya no podía mas, y volvía al lugar en el que había empezado, con la cabeza en mi regazo…y se dormía.

Eso, los días que meditaba. Pero siempre, siempre, con o sin meditación, hablábamos mucho. Y cantábamos “twinquel, twinquel little star…” “baa baa black sheep”, “dijo el pez…”, y tantas otras. Y pedíamos la bendición para todos nuestros seres queridos…con sus manitas juntas mirando al cielo a través del velux de mi cama, “sion mami…sion dady, sion abuela…sion Cristina…”…y leíamos cuentos, aun lo hacemos…

Pero aquel día que, mientras yo me dormía a su lado, la vi incorporarse, sentarse junto a mi, poner las manos en posición de meditación y estar así un ratito, callada…para luego, acariciarme la espalda como solía hacerlo yo mientras ella se dormía…aquel día que la vi hacer que meditaba…sin dejad de darme amor, con aquel respeto, con aquel silencio…supe que lo estaba haciendo muy bien con ella. Ese día, como hoy recordándolo, recibí de Dios una palmadita en la espalda.

Que Dios la bendiga, a mi niña rosa. A mi dulce tesoro.

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