miércoles, 29 de septiembre de 2010

TRAER DE NUEVO A DAVID

Me mata el sueño.
Me mata, como si me faltara oxigeno. Como si me oprimieran la cabeza completa con un vendaje. Como si todo en mi quisiera abandonar el mundo de los sentidos y dejar de existir.
Es preocupante. Si. Sabed. Ya me preocupa, y mucho, no poder vivir de otro modo que con sueño permanente.
Así que, no pudiendo ser capaz de trabajar, porque la cabeza no me da para eso…vengo aquí a sacar lo que pueda salir…
Además, hay algo muy importante que debo constatar con urgencia. La última sesión con Bhavana. Fue sentada. Integrando alegría, tristeza y compromiso. Integrando diversas de ellas…Bhavana se percató de la relación entre David y Miguel.
Así que, me indicó algo que es de cajón, y que yo no me había atrevido a hacer hasta ahora. Hay que hablar a mis peques de David, tal y como fue todo: Mi segundo amor, el que mayor vacío ha dejado, cuya ausencia mas tristeza me causa aun.
David, quien tras marcha, permite la llegada de papa, y con papa, la suya al mundo. Así de sencillo. De no haberse marchado, ellos no estarían aquí. Uno es originado por bendiones y desgracias del mismo modo en que todo es uno en el universo. No hay blanco y negro (curiosamente, yo iba de blanco y negro ese día a la sesión…)
Y David está en mi vida y en la suya, y nadie tiene que ni puede llenar su lugar. Nunca mas será excluido. Ignorado. Aislado.
Eso fue el viernes. El lunes, Lucia se volvió a percatar de la fotografía de Agha que hay en mi habitación. Y me preguntó quién era. “Es el abuelo Agha, recuerdas?, murió hace unos años…”
Y esto me dio pie a hablarle de cómo los que nos dejan, de algún modo, particular de cada uno, están con nosotros. Me permitió sacar las fotos de Juanolo como introducción al hecho de que mama, tubo otros amores, y de David como continuación.
Les chocó tanto ver a mama besando a otro!!! Jajaja…todo fue bien, ver a Alvaro y a Carlitos (sus primos mayores) tan pequeños entre las fotos, y que no estaban ellos, ni Pablete, ni María…y…después mis peques siguieron a lo suyo…
Pero antes de cerrar el álbum, cuando yo por fin miré, me fijé nuevamente en las fotos…no pude evitarlo…volví a mi pena…y lloré…eso no les gustó nada. A Lucía no le gustó naaaaada que fuera yo quien llorara. De modo que, en su línea, ella también rompió (literalmente, sin preaviso) a llorar como bien entrenada que está…rebuscando en su recuerdo una perdida que sirviera de excusa, encontró la de Duka (perra a la que apenas conoció pero que le permite siempre que quiere desahogarse).
Se pasó como media hora llorando!! Y claro, Miguel, que ni conoció a Duka, también lloraba diciendo “echo de menos a mi perro” jajaja, que cooooomico terminó todo…no pude eviarlo, me reí a carcajadas….en fin,….poco a poco, llenamos un poquito vacíos con otras cosas…y así…nos dormimos…

jueves, 23 de septiembre de 2010

DOS ANILLOS

Hoy, no dejaré de “contarme” lo de mis anillos…

Este verano, en Arcos, Bea vendía unos preciosos anillos de diseño propio, con la frase de nuestro querido cuento: “esto también pasará”….por supuesto, me hice con uno.


Ella, llevaba puesto otro muy bello, de bronce, que no parecía creación suya. Luego supe que era de Vicente, de Valencia. Era la estrella de 8 puntas, y lucía hermoso en su dedo. Creo que me encapriché de él, pero claro, ya me había comprado uno, y no hay que abusar.


Unos días después, encontré la mesa Vicente, y no pude evitar curiosear. Estuve a punto de comprarlo. Sin embargo, Vicente tenía otros. Algunos incluso de oro, con rubíes, totalmente fuera de mi alcance. Uno en concreto, me llamaba y sí estaba a mi alcance.Éste, era el diseño “Naqshbandi”…Vicente me habló del material, de sus metales, de la mezcla, de sus usos y de sus origenes. Me habló de como llegó él a hacerlos y los consejos que el maestro le dio al respecto...y ahí…me di cuenta. Ese, era el que yo quería llevar…a diario.


Me lo probé, mi dedo entró exacto en él. Lo pagué y me fui. Como siempre, iba con prisas por volver con mis cachorros…


Es un anillo bellísimo, hecho a mano por un inspirado artesano. Mancha mi dedo constantemente, como bronce “vivo” que es, nos vamos afectando, el anillo a mí, y yo a él. Irá cambiando su color cuanto más tiempo pasemos juntos. Donde más se notan los envites del cincel es precisamente en el aro que sostiene el sello con el diseño. Y el sello, es definitivo, hermoso, brillante. Es EL DISEÑO.


Observándolo durante el día, me di cuenta que el aro del anillo no estaba completo, perfecto. Tenía dos grietas, ambas en la parte interior, y solo una ligeramente perceptible desde fuera, que harían quebrarse el anillo, si no fuera porque el material es realmente fuerte.


La grieta más fina, se ve por ambos lados, incluso puesto. La otra en cambio es de casi un milímetro de ancho. Por el exterior ni se ve ni se intuye, hay que sacar el anillo del dedo para percibir cuan profunda es. Cuando la miras, pareciera un acantilado…o un abismo, según la perspectiva que adoptes...


No se me iba de la cabeza…entre ambas grietas, un golpe, o la corrosión por el uso, a pesar de lo fuerte que fuera el material, podrían llegar a hacerlo quebrar en cualquier momento. Tenía que cambiarlo, enmendar mi error al elegirlo.


Busqué a Vicente…pero su mesa ya estaba vacía. Así estuvo un par de días. Mi última mañana en la Zahara, encontré a Vicente cerca de la Tekkia, y le conté. Me dijo que pasara a verle más tarde para el cambio….


Me ofreció 4 anillos más, con el mismo sello. Con aros mucho más perfeccionados. Mas pulidos y completos…


Pero ninguno se amoldaba a mi dedo.


Ninguno.


Curioso.


Vicente me dijo que no me preocupara, más adelante, si algo le pasaba, él se encargaría de arreglarlo, por supuesto…


El primero que me probé y se ajustó a mi dedo, el único que puedo llevar, es éste, el mío: el imperfecto, el que tiene una grieta pronunciada que amenaza partir el aro si le afecta algún golpe fuerte, con la ayuda de la otra grieta más fina pero evidente, por efecto de la corrosión constante. El que más marcados tiene los puntos donde tocó la mano del artesano. El que…. puede durar toda la vida, porque es de buen material…o puede romperse en cualquier momento…el que mantengo bajo una promesa de su hacedor...


Cuando dejé a Vicente, con todo esto en la cabeza… no pude evitarlo…busqué donde desahogar una extraña e inesperada angustia. Me desahogué como se hacen estas cosas…en soledad.. . Esa angustia que recorre las entrañas hasta que desborda por tu cabeza… ¿angustia? Lo que fuera, me sobrecogió, desbordó al reconocerme en ese anillo…al reconocerme…por dentro, por fuera, en matices, en cada metáfora que había pasado por mi cabeza, de mezclas, de abismos, de perfección, de pulir, de promesas, de corrosión, de....


No sé si será así…pero así lo vi…y confié, volví a confiar, en que si como mi anillo algún día me rompo…el artesano enmendará mi aro, me volverá a sostener, recomponer…y ya no seré el mismo anillo.


Ahora, tengo dos anillos. Uno me recuerda, como en el cuento…que todo pasa. El otro, me habla de mí… de mi relación con el mundo, y con el artesano...