Hoy, no dejaré de “contarme” lo de mis anillos…
Este verano, en Arcos, Bea vendía unos preciosos anillos de diseño propio, con la frase de nuestro querido cuento: “esto también pasará”….por supuesto, me hice con uno.
Ella, llevaba puesto otro muy bello, de bronce, que no parecía creación suya. Luego supe que era de Vicente, de Valencia. Era la estrella de 8 puntas, y lucía hermoso en su dedo. Creo que me encapriché de él, pero claro, ya me había comprado uno, y no hay que abusar.
Unos días después, encontré la mesa Vicente, y no pude evitar curiosear. Estuve a punto de comprarlo. Sin embargo, Vicente tenía otros. Algunos incluso de oro, con rubíes, totalmente fuera de mi alcance. Uno en concreto, me llamaba y sí estaba a mi alcance.Éste, era el diseño “Naqshbandi”…Vicente me habló del material, de sus metales, de la mezcla, de sus usos y de sus origenes. Me habló de como llegó él a hacerlos y los consejos que el maestro le dio al respecto...y ahí…me di cuenta. Ese, era el que yo quería llevar…a diario.
Me lo probé, mi dedo entró exacto en él. Lo pagué y me fui. Como siempre, iba con prisas por volver con mis cachorros…
Es un anillo bellísimo, hecho a mano por un inspirado artesano. Mancha mi dedo constantemente, como bronce “vivo” que es, nos vamos afectando, el anillo a mí, y yo a él. Irá cambiando su color cuanto más tiempo pasemos juntos. Donde más se notan los envites del cincel es precisamente en el aro que sostiene el sello con el diseño. Y el sello, es definitivo, hermoso, brillante. Es EL DISEÑO.
Observándolo durante el día, me di cuenta que el aro del anillo no estaba completo, perfecto. Tenía dos grietas, ambas en la parte interior, y solo una ligeramente perceptible desde fuera, que harían quebrarse el anillo, si no fuera porque el material es realmente fuerte.
La grieta más fina, se ve por ambos lados, incluso puesto. La otra en cambio es de casi un milímetro de ancho. Por el exterior ni se ve ni se intuye, hay que sacar el anillo del dedo para percibir cuan profunda es. Cuando la miras, pareciera un acantilado…o un abismo, según la perspectiva que adoptes...
No se me iba de la cabeza…entre ambas grietas, un golpe, o la corrosión por el uso, a pesar de lo fuerte que fuera el material, podrían llegar a hacerlo quebrar en cualquier momento. Tenía que cambiarlo, enmendar mi error al elegirlo.
Busqué a Vicente…pero su mesa ya estaba vacía. Así estuvo un par de días. Mi última mañana en la Zahara, encontré a Vicente cerca de la Tekkia, y le conté. Me dijo que pasara a verle más tarde para el cambio….
Me ofreció 4 anillos más, con el mismo sello. Con aros mucho más perfeccionados. Mas pulidos y completos…
Pero ninguno se amoldaba a mi dedo.
Ninguno.
Curioso.
Vicente me dijo que no me preocupara, más adelante, si algo le pasaba, él se encargaría de arreglarlo, por supuesto…
El primero que me probé y se ajustó a mi dedo, el único que puedo llevar, es éste, el mío: el imperfecto, el que tiene una grieta pronunciada que amenaza partir el aro si le afecta algún golpe fuerte, con la ayuda de la otra grieta más fina pero evidente, por efecto de la corrosión constante. El que más marcados tiene los puntos donde tocó la mano del artesano. El que…. puede durar toda la vida, porque es de buen material…o puede romperse en cualquier momento…el que mantengo bajo una promesa de su hacedor...
Cuando dejé a Vicente, con todo esto en la cabeza… no pude evitarlo…busqué donde desahogar una extraña e inesperada angustia. Me desahogué como se hacen estas cosas…en soledad.. . Esa angustia que recorre las entrañas hasta que desborda por tu cabeza… ¿angustia? Lo que fuera, me sobrecogió, desbordó al reconocerme en ese anillo…al reconocerme…por dentro, por fuera, en matices, en cada metáfora que había pasado por mi cabeza, de mezclas, de abismos, de perfección, de pulir, de promesas, de corrosión, de....
No sé si será así…pero así lo vi…y confié, volví a confiar, en que si como mi anillo algún día me rompo…el artesano enmendará mi aro, me volverá a sostener, recomponer…y ya no seré el mismo anillo.
Ahora, tengo dos anillos. Uno me recuerda, como en el cuento…que todo pasa. El otro, me habla de mí… de mi relación con el mundo, y con el artesano...

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