lunes, 21 de junio de 2010

OTROS TEXTOS RECUPERADOS...

Madrid, 3 de julio de 2000
Hay momentos en que me parece estar viviendo una pesadilla. Mis ojos no se parecen a los míos, y mi expresión me asusta. Me asusta por que es de un indescriptible dolor. No comprendo como estoy siendo capaz de moverme, de hablar, de pensar o de sentir, no pudiendo ya compartir cada instante contigo. Cada momento de gloria o miseria era real al estar tu. Estés donde estés, tu lo sabes, que la vida es misteriosa, y merece el mayor respeto. Que exige dedicación y esfuerzo, que requiere de nosotros lo mejor que podamos dar. Y a mi me exige también sobrellevar esta pesadilla. No es sólo que me faltes tu. Es que el faltarme tu es faltarme todo. Tu y yo éramos uno. Aveces creo que aun lo somos, y me siento culpable de sufrir de este modo, porque te lo hago a ti. Pero debes entender que en el cielo se está mejor que aquí. Allí te tienen, y aquí no queda nada que se te parezca, salvo yo. Pero soy una mala imitación, tu lo sabes. Mi corazón no tiene la pureza del tuyo. No tiene esa fuerza, ni esa sabiduría. Ni soy lo coherente que quisiera con nuestros principios. Sabes que no me falta la buena intención en todo momento. Ya la tenía antes de conocerte, y contigo se asentó. Te echo tanto de menos. No lo soporto, no se como puedo seguir adelante. Dímelo tu, ¿que es lo que me hace seguir aquí?. ¿Qué es lo que susurras a mi oído que me empuja a quedarme? ¿Qué es?. ¿Con que artimañas me convences? ¿O es sólo mediante suaves caricias a mi alma? ¿Qué es lo que me retiene aquí? ¿Es acaso que, si ahora muriese, no llegaría tan alto como tu estás?. Si es así, acepto estar aquí, pero necesito tener la seguridad de hacerlo lo suficientemente bien como para que cuando mi alma quede libre, pueda volver a tu lado. No permitas que me mantengan alejada de ti...Perdóname por ser tan egoísta. Se que mis palabras te están preocupando. Pero yo...necesito saber que estás bien. Si sólo pudiera hablar contigo unos minutos...

Soto, 9 de julio de 2000
Es difícil explicar mi momento, mis momentos tras tu muerte. Creí que moriría. Hubo momentos en que llegué a ver el lado oscuro del alma, ese del que no se vuelve, tras perder definitivamente la cordura, el control de uno mismo. Ese lado lo vi, estuve en las puertas muchas noches de desgarro en que suplicaba a Dios por un poco de clemencia, de benevolencia. En que le pedía que me diera entendimiento, fuerza, consuelo. Perder mi mitad me ha llevado a una soledad mucho más profunda que la inherente en el ser humano. Nadie puede compartir conmigo este momento como lo habrías hecho tu, como tu lo haces incluso ahora, ausente, presente. Y creo que mis suplicas estaban siendo escuchadas. No podía ser de otro modo si Dios es Dios el Misericordioso. Me ha dado fuerza, una fuerza que creía imposible, que no sabía de donde me llegaba. Me ha llegado algo de entendimiento de como funciona el ciclo de la vida, de lo que se nos exige. Y constantemente te escucho en mi corazón, escucho, siento y hago mía la gran verdad de que en la vida, no hay que aferrarse a nada, porque ni tan siquiera la vida nos pertenece, porque sólo es un tiempo de trabajo de construcción, de creatividad y entrega de lo que se nos ha dado, lo bueno y lo malo, a un nivel muy elevado es todo lo mismo, es bueno aunque no lo entendamos, es por nuestro bien, aunque el momento de darnos cuenta es siempre muy posterior, para nuestra paciencia, al momento que todo nos sucede. He hecho mía la verdad de que el estar aquí es para dar lo mejor, y sólo lo mejor. Y aun así, la recompensa nunca será inmediata. Es otra prueba, el aprender a esperar, el aprender a confiar. Pero gracias, mi vida, porque además de todo eso, que me ayuda a seguir adelante también sigo escuchando en mi corazón la ternura que sientes por mi, el amor que me regalas, que sigue creciendo al verme salir adelante, logrando poco a poco volver a encontrarme en el punto en que me dejaste. En el punto en que había alegría e intensidad en mi vida. La intensidad nunca me ha dejado, ahora sólo se ha extendido al dolor y a la tristeza. Pero es mía, y también por eso estoy agradecida. Ni siquiera me quejo de no haberme podido despedir de ti, porque nosotros nos despedíamos cada noche recordándonos el inmenso amor que nos unía, lo felices y afortunados que éramos. Y, lo que es más, aunque tu siempre has expresado maravillosamente tu amor por mi, te saliste de toda expectativa al decirme adiós el día que supe que te habías ido. Ese día, el único arcoiris completo que se ha visto en Madrid estaba frente a mi ventana. Me decías así todo lo que no se puede explicar con palabras, que así de grande, así de hermoso, así de natural y colorido, así de bello es tu amor por mi, y así me ves tu. Desde entonces, he aprendido a quererme a través de ti, a quererme y respetarme como sólo tu lo has hecho, como sólo un ser excepcional como tu puede hacerlo. Y esa soledad de que hablaba, es sólo soledad en este tiempo en que soy carne, en que soy una mota de polvo en este inmenso universo, en el que, cuando me veo a través de ti descubro cuan valiosa y especial soy. Y aunque suene extraño, soy feliz. No ese feliz idílico, de sonrisa en los labios y rebosante alegría. Soy feliz con mi tristeza, con mi esfuerzo y mi voluntad, con la mía, con la que Dios me ha regalado, y con la que tu animas en mis oídos, en mi corazón. Soy feliz por que la vida me ha regalado conocer el verdadero amor en la tierra, y el verdadero amor en el espíritu. Por que “todo cuanto vivimos, como glorioso lo bendigamos”, porque tu estuviste y estás en mi vida, y ahora lo único que me falta es tu presencia, pero tu sigues conmigo. Ya nunca jamás estaré realmente sola. Dios y tu compartís mi corazón, mi alma y mi vida. Nunca más renegaré de lo que sucede, porque si lo que recibimos lo vemos como algo que no nos pertenece, sino como un regalo, es aun más valioso, el disfrutarlo, aunque sólo sea por un instante, es un regalo, algo que hay que agradecer, y no exigir. Y todo cuanto viví antes que tu, y todo lo que fue dolor, me llevó a ti para contigo transformarlo en algo tan hermoso como la vida. Algo que nace, crece, y vuelve a su lugar, a su origen, habiendo dejado en nosotros una sabiduría mayor, un entendimiento mayor.

Soto, 15 de julio del 2000
Esta semana he preparado un álbum con nuestras mejores fotos para tus padres, y el esfuerzo me ha costado mucha tristeza y soledad. Cuando veo tus fotos, en especial aquellas en que tanto me costó hacerte reir, esa de la playa en que derrochas tanta vida, me doy cuenta de lo sola que me he quedado. Tu sonrisa y tu mirada son tan puras, tan dulces. Creo que voy a terminar por volverme loca. No puedo pensar en lo que he perdido. Desde que nos conocimos, tu mirada siempre me hizo sentir especial, incluso cuando sólo éramos amigos, porque tu ya me querías, tu ya veías en mi lo que tanto amabas. Verme en el reflejo de esa mirada me hacía sentir amada con dulzura, con grandeza. Siempre me miraste igual. Y esa mirada, y recogerme en tu pecho escuchado tu corazón me permitía estar en casa. Donde quiera que estuviese, si estaba contigo estaba en casa. En mi hogar. Y ahora soy como un árbol al que hubiesen partido por la mitad, en derecha e izquierda, de arriba a abajo, dejando sólo una parte de las ramas, una parte del tronco, y sólo una parte de las raíces. Un árbol así no puede mantenerse en pie. Necesito ser fuerte, necesito sentirte aunque ya no estés, porque sólo tu entiendes lo que teníamos, lo que me han arrancado. He pensado mucho en tus padres. Y la amargura no me ha dejado por un instante. Cada vez que volvíamos de Castellón tu padre de miraba a los ojos y me decía que cuidara bien de ti. Y yo estúpida de mi pensaba que sabía hacerlo. Que tonta, que grandísima estúpida, si nisiquiera he sabido cuidar de mi, y eso nos ha costado esta horrible separación, este no tener nunca más un futuro, unos hijos, una vida, un crecer y envejecer juntos, este no tener más sueños que compartir en la intimidad de nuestros brazos. Y me vuelve loca pensar que no supe cuidar de nosotros, loca de pensar que no hubo ángel de la guarda, ni Dios, ni espíritu amigo que nos evitara esto. Y me cuesta aceptar que tus padres no me odien por haberlo permitido. Me cuesta pensar que a mi lado su hijo perdió la vida, nuestra vida. Y en lugar de odiarme, me cobijan en su comprensión, en su amor, en su compartir conmigo la pena, el esfuerzo por hacer crecer las semillas que dejaste en nosotros. Lo intento, de verdad mi vida que lo intento, estar a tu altura, ser como tu eras, como tu eres. Y miro a mi alrededor, y ahora siento tanta compasión por todos...Es la compasión que tu sientes por mi la que siento ahora por cuantos me rodean. Dios no nos dio tus cualidades, y salimos adelante con las limitaciones impuestas a nuestras mentes y a nuestros corazones. No puedo pensar en ello, no puedo pensar en lo que nos ha sido robado, en lo que me han robado... No se vivir sin ti. Paso de una cierta paz y aceptación a una amargura que no cabe dentro y que retumba en mi cabeza para derramar una cascada lenta y ácida por mis ojos. Y sin ti...¿como puedo seguir viva sin ti? Mi duelo...es lo único que me mantiene viva, y la esperanza de que, cuando me toque, me lleven a donde tu estas. Porque no concibo una eternidad del alma sin ti.
Recuerdo como nuestra anatomía casaba a la medida. Cómo nuestra altura, nuestra constitución, nuestro ritmo biológico se complementaban, se compenetraban a la perfección. Recuerdo como escuchabas mis cavilaciones, como corrías, como te gustaba ponerte a prueba, exigirte cada día un poco más. Como me exigías a mí, con tu tacto y tu ternura. Y a veces creo que lo estoy haciendo bien, y otras veces me siento muerta en vida. Y ahora veo más los corazones de la gente, lo bello que guardan dentro, escondido, disimulado. Necesitamos tanto amor... Y nos damos tan poco...que no comprendo como el ejemplo que dábamos no lo ha querido Dios en la Tierra. ¿Es que acaso no quiere que el ser humano sea feliz? ¿Por qué mutila un alma, dos almas que son un único alma? ¿Por qué lo hace, y nos pide paciencia, y nos pide más y más? ¿Por qué permite que impregne las paredes de nuestra casa con tanta tristeza, con tanto lamento?. Por qué permite que existamos...Estoy cansada, muy cansada de vivir...cansada de no poder, de no saber, de no entender...Amor...mi amor, mi dulce perla. Todo este océano no era suficiente para albergar toda tu grandeza...

Y yo no se hacia donde dirigir mis pasos, no se hacia donde mirar, ni que decir. Contigo nada de eso importaba. No importaba si llovía, si hacía frío o calor. No importaba nada porque el bienestar procedía de ti. ¿Para qué llegaste e mi vida? ¿Por qué no te quedaste conmigo? ¿Porqué no puedo escuchar tu voz, sentir tu calidez..? Echándote tanto de menos, no puedo salir adelante. La vida es cambio, eso es lo único que es constante. Nada mas. Y cuando todo es perfecto, el único cambio posible es el caos, la caída...Quizás no debimos llevar nuestro amor tan alto tan pronto...

Pero si a Dios no se le puede pedir que nos deje ser felices, ser buenos, ser constructivos juntos, entonces, ¿qué se le puede pedir? ¿fuerza para soportar que nos robe los logros a que llegamos?. Aveces creo que somos tan poca cosa en este universo, que Dios no alcanza a escucharnos, a valorarnos más de lo que nosotros valoramos una mota de polvo, o un charco en la carretera...

.....

Parece que tu también te has compadecido de mi. Me sentía tan cansada, que no podía siquiera pintar. Me he echado, y tu has estado conmigo. No sabes cuanto agradezco que se nos permitan esos ratos durante el sueño en que volvemos a ser los que éramos, y nos tocamos, hablamos, compartimos...es tan real...una mente privilegiada, dice el psicólogo...como si eso fuera algo que dependa de mi. Mis mejores momentos se dan cuando no es ella la que manda, cuando ella duerme y permite que tu vengas a pasar un rato conmigo. Debe de ser duro para ti, estar en el cielo y no poderlo disfrutar por recibir tantas llamadas mías, que te ocupan y te preocupan. Aunque mira, cada uno tiene su cruz, para ti allí soy yo tu cruz, y para mi aquí llevar adelante mi vida, es la mía.


....

Madrid, 31 de julio del 2000

La gente piensa que estoy bien. Nadie entiende, ni quieren entender. Es demasiado que enfrentar. Cada uno sigue con sus problemas, su asuntos y tribulaciones. Y yo, sin saber aun donde situarme. A menudo creo que voy a perder la cabeza. Es en los momentos que dejo de aturdirme con actividades banales, y que me doy cuenta de que ya no estas. Y es que ya no estas. No hay más risas, no hay mas conversaciones en la intimidad, no hay más caricias, más llevarme al trabajo, abrirme la puerta, desayunar conmigo, acostarte conmigo, marcar tu terreno en mi cuerpo. No hay más nada, y nadie se da cuenta de lo que eso supone. No hay más planes, no hay más dulzura en los labios, no hay más sueños, ni viajes a Castellón, ni paseos por la playa, ni barbacoas vegetales, ni nada. No hay nada. Y no se estar así. No se como se puede estar así. Me siento tan sola, que no lo resisto. No hay expectativas. No hay nada sin tus ojos cerca, sin el latido de tu calor ni el tacto de tus dedos. Y que se puede construir, que se puede hacer desde este inmenso vacío. Tu llenaste mi vida de una calidad que jamás pensé que existiera en un ser humano. Siempre a mi lado, contemplabas mi universo. Tu sabías, veías como intentaba ser buena, sabías cuanto me costaba luchar contra mi naturaleza, y por eso lo apreciabas más. Sabías como me esforzaba por dar lo mejor de mí. Sabías de mi más que yo misma. Sabías cuanto necesitaba un afecto sincero, comprometido, una entrega que me regalaste sin yo tan siquiera tener que pedirlo. Y ahora, nadie me conoce. Nadie me mira con amor, nadie me acompaña. Ahora somos sólo yo y tu ausencia, intentando encontrar un lugar donde situarnos sin molestar a nadie. Y sigo sin poder creérmelo, mi vida. Sigo sin poder creer que no podré tenerte nunca mas descansando sobre mi pecho, como un niño. Lo tenías todo. La fuerza, el tesón y la inteligencia de un guerrero, el respeto, la delicadeza y la bondad de un caballero, la dulzura, la inocencia y la claridad de un niño...y me acostumbré a todo eso. Ahora, no se como vivir. Aprendo sobre la marcha. Para esto no te prepara nadie. Sabemos que la muerte está ahí, pero sabemos que la vida te da un plazo para cumplir tus metas. ¿Y cuales han de ser ahora las mías?, ¿Quién me va a tender la mano para salir de este agujero?.
Madrugo, más que cuando me despertaba contigo, porque separarme cada mañana de ti era tan difícil... Ahora, que tu no estás, sólo cumplo una rutina, un ritual, de levantarme, arreglarme, darle conversación -o intentarlo- a mis compañeros, trabajo, intento hacerlo bien. Y cuando me acuesto, hablo contigo. Sólo así consigo dormirme. Sólo así consigo algo de paz en mi corazón. Me asusta pensar que tu no hayas podido asumir tampoco lo que ha ocurrido. Me vuelve loca la idea de que tu estés también pasando por esto. No lo puedo soportar. Necesito saber que tu, al contrario que yo, ves más allá de este miserable momento de agonía. Sólo puedo rogar, y rogar, y rogarle a Dios que me de un soplo de esperanza, de su aliento. Que me de la lucidez necesaria para poder ver lo que espera de mi. Por que no puede ser esto. No puede esperar que me quede anclada en esta tristeza, en esta soledad. Y no puede ser tampoco que me haya permitido estar a tu lado para vivir ahora con la consciencia de lo perdido. No puede haber lección alguna en esto. No, porque yo siempre supe lo que tenía. Siempre se lo agradecí. No puede ser, tiene que haber algo más.
¿Sabes? No hago más que mantenerme constantemente ocupada. Procuro hacer cosas que no hice contigo, para dejar de asociar mi vida a ti. Y sin embargo, mientras hago todas esas cosas, las comento, las comparto mentalmente contigo. Estas allí donde yo voy. ¿Te gustó el saldo desde 10 ms de altura al río? Yo no pude mantener los ojos abiertos, y quise sentir que tu ibas conmigo. Tu habrías ido conmigo. ¿Y la galopada en el caballo blanco? Te gustó. Fue estupendo, ¿verdad?. Que animal tan hermoso, tan amable. Y llega el final del día, y llego a la habitación, sintiendo aun más el gran vacío que dejaste en mi vida. Y no soporto sentir mi vida tan inútil. Pero no aparece nada en mi entorno que me de una sola, una mínima clave de cual es la utilidad de mi vida. No lo entiendo. Y necesito creer, necesito saber que mi vida sirve para algo más que para contener diariamente tantas lágrimas. Que es para algo más que pasar el tiempo en conversaciones banales, en números, en cuentas, en inercias convergentes, divergentes, absorbentes, disolventes... Para algo más que para hacer que los demás se sientan culpables de estar preocupados por sus problemas.

Te echo tanto de menos....

He ido de excursión con Alberto y Loli. Me conmueve ver como Alberto me coge del hombro, me acaricia amigablemente la espalda mientras paseamos los tres. Conmovedor, porque se, que el sabe, la falta que me hace esa atención amable, de compañía, de “estamos aquí”, de “no te sientas sola, nosotros también le echamos de menos, y también te queremos”. Salvo Zayda e Isabel, muy pocas personas están siendo capaces de entender que su amistad ahora es crucial, que ha de incluir ayudarme a compensar tu ausencia. En realidad, todos esperan que yo salga sola de esto, esperan demasiado de mi. Por que yo no se como hacerlo. No puedo dejar de desear estar muerta, muerta y a tu lado. Y me temo que para eso, Dios ha dispuesto que pase mucho tiempo. Parece un castigo, y no se a que se debe.

Es asombroso lo dispares que han sido y están siendo las reacciones a nuestro accidente. Una vez que me he recuperado físicamente, que saben que me quedo, una vez que están tranquilos, se olvidan de lo importante que es ahora el afecto y la atención. El roce de una mano, la dedicación de una mirada sostenida, de cualquier cosa que me ayude a creer que hay algo más que tu. Que tu... Aun no lo he logrado ver. Yo sólo podía ver el mundo reflejado en tus ojos. Hoy me he acordado de la cicatriz de tu dedo pulgar, pero no he podido recordar en que mano estaba.

Y sabes algo más. Escucho en el corazón lo que me dices, escogiendo frases de diferentes canciones mientras las escucho. “Mi corazón estará, donde esté tu corazón, si no dejas de luchar”, “tu no dejes de luchar, no dejes de jugar, que una noche la tristeza, se irá sin avisar, a al fin sabrás, lo bello que es vivir”.

Sueño con el día que volvamos a encontrarnos. Y te juro que ese día, moriré para fundirme contigo y no volveré a ser otra cosa que tu. Te juro que no. No te volveré a dejar marchar.

Soto, 6 de agosto del 2000
Estaré enamorada de ti el resto de mi vida. Aunque aparezca otro ángel como tu, yo seguiré enamorada de ti. Un ser tan digno de ser amado por una eternidad, eso eres, eso eras y seguirás siendo. Miro esa foto en la que por fin logré fijar tu sonrisa, tu pícara sonrisa de niño pequeño, y me parece mentira que no estés. Sigo sintiendo el mismo impulso de estrujar tus carrillos, de besarte, de reir contigo. ¿Cómo es posible que un sabiendo que ya no estás, sigas tan presente, más presente que nunca en mi vida? ¿Qué misterio guarda la vida? Qué frágil e imperecedera es. Me pregunto si estarás satisfecho con lo que voy haciendo, con como llevo mi vida adelante. He descubierto que sólo puedo estar tranquila cuando me paro a sentir el momento, justo el momento presente, en el que respiro. Y que no puedo pensar en el futuro. No puedo hacer planes de ningún tipo, porque todos me angustian. Siento que todo, en cualquier momento puede desvanecerse, y que sólo me queda el segundo presente, en el que estoy sin pensar, sólo estando. Nada depende de mi, y sin embargo todo queda en mis manos. Aunque no siento ganas de vivir, aunque desearía estar muerta, ese ser en mi interior sigue adelante. Lo único que me mantiene entera es que sé que te ofenderías si todo cuanto me diste no fuera capaz de entregarlo a mi vez ahora. De momento, lo más que alcanzo a hacer es estar. No logro más. Se que no estoy dando gran cosa a la vida, pero no creo que se me pueda pedir más, una vez que ha desaparecido la magia. Después del arcoiris con que te despediste de mi, también Dios me ha abandonado. Aquellos destellos que de vez en cuando me brindaba, para recodarme que estaba ahí, que me quería, ya no se dan. Es como si me hubiese metido en un hibernadero, a la espera de que algo germine. Estoy por tanto en pleno invierno, intentando asomar la cabeza, luchando por romper el cascarón para trepar por la tierra que hay por encima, esperando, deseando que haya algo tras ese manto húmedo que me cubre. Pero, ¿y si no hay nada? ¿Y si el invierno es también eterno? ¿Para qué entonces salir de mi cáscara? Da igual como me lo plantee. Si hay algo o no después del esfuerzo, es indiferente, porque ese -que él me perdone por llamarlo así- lo ha puesto de tal modo, que como condición para estar vivo, llevamos a cuestas el impulso, el instinto de salir del cascarón. Y él se lo pasa bomba viendo nuestros esfuerzos, escuchando nuestros sueños y plegarias, a los que a menudo, tan a menudo es sordo. Además, sólo algunos nos preguntamos si sirve de algo. La mayoría, las plantas, todos los animales que hay sobre la tierra, y muchos hombres, tienen el mismo impulso. Sin embargo, es posible que ellos si tengan la certeza sobre para qué lo hacen.

.....

No se si te lo he dicho antes, respecto de como me siento. De lo perdida, de lo desolada y desorientada. Y sabes lo peor, que antes cuando me sentía la infinitésima parte de mal de lo que me siento ahora, bastaba con que me abrazaras, para encontrar cobijo, para sentirme segura, en casa, al calor del hogar. Y ahora, que no tengo a quien recurrir, no tengo refugio, sólo puedo contártelo a ti.

....


Santander, 19 de agosto de 2000

Yo he de aceptar, asumir, que mi vida jamás será tal cual la había soñado (contigo), ni yo seré la que esperaba (radiantemente feliz), ni la que hubieran querido los míos (sin tacha de dolor). Asumir, que otros días vendrán, y que aunque traigan alegrías, y nuevas tristezas, nunca ninguna de ellas rozará las fronteras de mis días a tu lado, y mis días tras tu partida. Aveces, cuando estoy en medio de la multitud, me hallo con el ansia de que alguien venga a rescatarme. Seguro que ya te lo he dicho antes. Pero nadie viene, nadie puede venir a tranquilizar mi alma. Sólo tu, mi refugio, podrías hacerlo si estuvieras aquí, y ahora, no puedes hacer más que lo que ya haces.

Pero ¿sabes?, incluso esta tristeza sabe dulce por venir de ti. Y la tengo por algo precioso, porque su objeto, su motivo eres tu, y tu nunca has traido amargor a mi vida. Es sólo yo, incapaz de asimilar esta vida sin ti, quien lo hace amargo. Y cada minuto más que paso en la Tierra, es sólo para alabar tu existencia, donde quiera que estés. Donde quiera que estés, tu siempre estas presente, en el aire, en el polvo, en el sol y en el agua, con todos ellos acariciándome con el mismo amor con que siempre lo hacías, más dulcemente aun ahora. Lo se, porque te veo en mis pensamientos, en tantos momentos acompañándome, viviendo a mi lado. ¿Porqué gravé en el reloj que te regaré “mi ángel de la guarda”? ¿Qué misterios conocen nuestras almas antes de que ocurran, y con que extraña naturalidad nos los muestran sin nosotros llegar a entender?
Estoy decepcionada conmigo misma por no tener paciencia, por no saber dejarte marchar, por atarme a la forma en que quiero las cosas, en lugar de aceptarlas tal cual vienen. Por no saber vivir el momento, por no haber llegado a un grado de evolución en que dejo de ser niña y mujer a ser alma pura, sin ataduras.

Soto, 27 de agosto de 2000 (1 de la madrugada)

Pero es que también, aveces siento que tu y yo seguimos siendo una misma cosa. Se me ha metido en la cabeza que tu me convenciste de que volviera, que hicimos un pacto que no recuerdo. Pero quizás en ese pacto acepté volver sólo con la condición de que tu siempre estuvieras cerca. Y se que lo estás. Por eso me esfuerzo tanto por no llorar, aunque aveces el nudo en mi garganta hace rebosar tantas lagrimas, sin apenas un gesto, un esfuerzo. ¿De cuantas partes nos componemos los seres humanos? ¿Alma, mente, espíritu, cuerpo, emociones, consciente, subconsciente...? ¿Cuantas capas tiene esta cebolla? Y sabe Dios cuantas más, y cada una tirando hacia un lado y uno sin saber donde situarse, y sin fuerzas para mantener una constante, un rumbo fijo. Por Dios que lo intento, mi vida. Pero aveces no puedo evitarlo, y no se cual de todas esas partes es la llora, no se cual es la que hace que siga levantándome por las mañanas, no se cual es la que hace que todavía te ame aun más que antes. Quiero mantener en mi mente sólo la alegría que trajiste, y siempre termino, como la bruta que soy, quejándome de que ya no estés. Y queda tanto tiempo para poder volver a estar a tu lado. ¿Por qué tanta certeza en esto?. No debería tenerla. A estas alturas el de arriba ya me ha dejado claro que mi vida no es mía. No la controlo yo, no decido yo. El siempre que quiere cambiar el rumbo que llevo lo hace tan categóricamente...Y dicen que el hombre no puede aspirar a entenderlo. ¿Y entonces por qué venimos con este ansia de entender, de saber? Pues bien, quizás él encontró que tu ya habías dado suficiente ejemplo de la perfección a que un ser humano puede llegar. Y quizás también encontró que para que yo llegue a ese nivel, tengo que empezar a buscar mi esencia, como único objetivo en la vida. Y por eso me ha puesto en tal situación, que sólo viviendo el segundo presente puedo lograr vivir. Ha de ser así, porque salvo el llevar alto tu nombre, nada más me mantiene aquí. Si lo pensara, seguramente también encontraría otros motivos, como el dolor que sufriría mi familia, el que veo en la tuya, y por nada del mundo me permitiría hacerlo. Aunque desee estar muerta, aunque me sienta muerta ya, se que tengo que salir adelante. Y se que debo hacerlo desde otra postura. Dios me exige no sólo vivir el desapego, si no vivirlo además con agradecimiento, alegría y apertura hacia lo que esté por venir. ¿No te parecía poco soportar la vida sin ti? Pues además vívela alegremente, abierta al mundo. ¿Pero que clase de sádico es? Jocoso, absurdo, es una locura. ¿Por qué me exige tanto? ¿Por qué?
¿Cómo lo se?. Lo se. Me va dando claves de lo que espera de mi, paso a paso. Apenas he logrado dar el primero, ya me dice cual es el siguiente. Apenas había empezado a aprender a vivir con mi dolor y mi tristeza, me presenta a Aisha. Como ejemplo de cual es el paso siguiente. Ella debe de rondar los 65 años. Es una mujer preciosa, de ojos azules y una inmensa dulzura, en la mirada, en la sonrisa, en el corazón y en los modales. Yo ya había oído hablar de su historia a algún amigo. Sabía que se había pasado 30 años cuidando a un hijo paralítico al 90%. Que su marido y su otro hijo la habían dejado de lado por haber priorizado en ese hijo. Que después le toco además, y al mismo tiempo, cuidar de sus padres enfermos. Y que después de haber perdido lo que más amaba, su hijo, su marido volvió a vivir sus últimos días a su cuidado. Cabría esperar de un ser común una gran amargura ante tanta pesadumbre vivida. Y en lugar de eso, te encuentras a un terrón de azúcar, lleno de la sabiduría que da un corazón limpio y claro. Cuando supo de mi, vino a verme. Cómo me hizo llorar (cómo me hizo llorar...) saber que se puede llegar a ser así, emanar amor y felicidad por lo tenido, seguir alabando a Dios por todo ello, por encima de todas las cosas, y que yo aun estoy tan lejos de todo eso. Me ha dado tantos consejos...Y entre ellos el principal, que me de cuenta de que esto es una escuela para cada uno de nosotros. Que nadie tiene aprendidas todas las lecciones, que todas son nuevas para todos, y que hay que míralas de cara, aceptándolas con alegría y agradecimiento.
Y la carta que al azar saqué en la consulta de la masajista. Un ángel que me decía “apertura y alegría” y otro que me decía “te estás preparando para algo muy hermoso”. Y aunque yo lo vea con ironía, todo ello me lleva a la conclusión de que Dios me está diciendo cual es el siguiente paso que he de dar. Y hasta que no lo de, los minutos seguirán pareciendo horas, las horas semanas, y el tiempo seguirá pareciendo congelado en esta añoranza de los días vividos, de los planes rotos, de la compañía perdida, del refugio arrasado por las llamas. ¿Porqué me exige tanto?. ¿Porqué?

Vi una película. Cada uno de los personajes cumplía un papel. Uno era el ser esencial, otro el yo superior, otro la mente. Las aventuras las vivían las dos primeras, y eran aterradoras. Después de cada impacto, aparecía el personaje mente, que no había participado de nada, pero daba todas las explicaciones concluyentes sobre cada una. Conforme pasaba la película todo comenzó a centrarse en el ser esencial. Era su aventura en realidad, y aunque cada vez más aterradora, no se echaba atrás. Hasta tal punto que uno de los personajes, que podría jugar el papel de Dios, o ángel de la guarda le preguntaba “¿crees que alguien está jugando contigo?” y ella respondía “SI. puedo sentirme víctima, o aceptarlo. Y creo que voy a aceptarlo”. Después de tomar esa decisión, no había camino de vuelta atrás, ya no existía más posibilidad que seguir el camino, ocurriese lo que ocurriese. Yo nunca he querido jugar el papel de víctima, y tu mejor que nadie sabes que motivos para ello siempre he tenido. Pero no me gusta ese papel, porque como siempre digo, no es constructivo. De modo que, lo acepto, soy su marioneta, y me limito a esperar sus indicaciones. Y una vez interpretadas, procuro esforzarme por hacerlo bien, por muy difícil que sea. Sólo espero que sea más sabio y compasivo de lo que me parece actualmente, y que el juego no se le vaya de las manos, por que en tal caso yo terminaré absolutamente ida, perdido todo sentido de la cordura, inútil para todo, más que para respirar.
Lo más que alcanzo ahora a hacer, es vivir cada momento, sin pensar en el siguiente. Sin hace muchos planes, porque el miedo se me ha metido hasta los huesos, a hacer cualquier tipo de planes que pudieran estar fuera de los suyos, pues ya conozco el modo en que los recoloca todos a su antojo. A menudo, me concentro en mi respiración, y pienso “estoy viva, y es un milagro, y debo estar agradecida”. Y no me reconforta mucho, porque no escucho aquí dentro aun ninguna voz que me de la bienvenida. Aun así, es más tranquilizador sentir mi respiración que pensar en el día siguiente, o en la hora siguiente. Y siempre te tengo a ti, siempre presente en mi alma que es la tuya. Una sola, la perfecta conjunción del hombre y la mujer en una única cosa que los hace más valiosos. Te quiero. Buenas noches alma mía. Cuéntame un cuento esta noche...

Soto, 27 de agosto 2000 (12 de la mañana)

A menudo me pregunto a que te dedicas ahora, donde sueles ir, con quién sueles estar cuando no estas conmigo. Y creo saber al menos parte de la respuesta. Apuesto a que te sientas al borde de la Fon de la Tosca, o de Peña Glosa, y también junto al muro de nuestra parcela. Creo que sueles acompañar a tu madre por las tardes, y a tu padre por las mañanas, para seguir aprendiendo de ellos. Creo que vuelves al lado de cada persona que en un momento dado te recuerda con amor, con amistad, a través de tantos buenos recuerdos que dejaste en cada uno de nosotros. Y apuesto a que salvo yo y tus padres, todos cuantos te recuerdan siempre sonríen con gratitud. A nosotros, que también lo hacemos, a menudo a la sonrisa le sigue una mueca de tristeza, porque para nosotros eras mucho más que una compañía en un buen momento. Eras parte integrante de nuestra vida, y sentimos un enorme rasgón en nuestro corazón, al que le cuesta tanto cicatrizar...

Françoise y Olivier se vuelven a Francia definitivamente en un par de semanas. Les voy a echar mucho de menos. Ellos, como algunos otros, han demostrado ser gente de una sobresaliente valía y gran corazón. En esta purga que de forma natural ha habido tras tu partida, ellos han salido tan airosos como Eva, como Alberto y Loli, como Enrique, Zayda, Isabel, Pili y algunos otros. En cambio, y seguro que afortunadamente, otros no han llegado tan siquiera al aprobado, y un par ni siquiera se “han presentado a examen”. Y ninguno de ellos me ha causado ninguna pena. Ante el momento que vivo, la decepción que algunos puedan causarme no es nada. Porque comparar cualquier tristeza con la que me causa no tenerte aquí, ni siquiera da para dos palabras. Sin embargo como hecho interesante lo observo, con mucha distancia. Dany por ejemplo, ha demostrado una vez más que su amistad es sólo para consigo mismo, que su generosidad es sólo para consigo mismo, y que por tanto, la situación en que cualquier otro se encuentre no es de su interés más que si es buena y le puede beneficiar. Y claro, se comporta conmigo como si hiciera sólo dos días que no nos vemos, como si yo fuera la mujer plena y feliz que era cuando tu estabas. Y no es así, vive Dios que no es así. Y ni se molesta en dedicar unos minutos a mi ser. Y no lo echo de menos. Cuando él estaba en Mallorca, habiendo sido el único amigo que junto con Zayda entró en la UCI, yo pensaba que era el amigo del alma, y que le echaba de menos, porque necesitaba a cuantas personas pudieran entre todas, llenar el vacío que me quedaba. La realidad es que ni todos juntos pueden hacerlo, y a él, no le echo de menos. No tiene la calidad de corazón de un verdadero amigo. Y por todo ello, siempre busco el momento de venir a refugiarme aquí, donde tu y yo podemos estar solos, como solíamos estar, y hablar contigo como no se hacerlo con nadie más. Y suelo tumbarme, a dejar que vengas a mis sueños, y tan a menudo haces. Siempre presente, siempre presente como el aire.

Lo hiciste muy bien mi vida. Quiero que lo sepas, que todos lo sabemos, que todos lo agradecemos, el ejemplo de tenacidad, de coherencia, de amor y fortaleza, de positividad, sentido del humor, constructividad y ternura que siempre diste. Lo hiciste perfecto, y deseo que no te quepa duda, que te sientas tranquilo por el trabajo cumplido, satisfecho por que quizás algunos, como yo, ahora tienen un ejemplo a seguir, que antes de conocerte no teníamos. Y espero que allá arriba, te estén recompensando por ello. Porque lo mereces más que nadie. Y quizás, en el fondo, es por eso que te llevaron, para recompensarte por fin de tanto esfuerzo y dedicación que habías puesto en la vida. Si no fuera porque también conocía tus escasos defectos, si no fuera por eso, aveces me cuesta creer que fueras humano, y no un ángel enviado a nuestras vidas a llenarlas de la verdadera luz. Me cuesta mucho creer que fueras humano. Pero en tal caso, lo mismo debería pensar ahora de tus padres, porque ellos, como tu, no parecen de este mundo. Si no fuera porque comparto con ellos esta tristeza, pensaría que como tu, son ángeles.

Bueno, es un paso. Estoy logrando hablar contigo sin empapar el ordenador...Quizás sea que estoy aprendiendo. O quizás sea que no quiero volver a hacerte daño. No quiero que me veas sufrir. Aunque te eche de menos, no quiero que ello te haga sufrir. Al contrario, quiero que cada vez que me veas, te sientas orgulloso de mi. Que tu amor por mi, como se que está ocurriendo, cada vez sea mayor y mejor.

Soto, 2 de Septiembre de 2000

Es una mañana más. Como me sigue costando despertarme. Tu dulzura en las mañanas suavizaba mi entumecimiento, y lavantaba mi corazón para mirar de frente al sol. Buenos días, mi amor. Es una hermosa mañana, sin el esplendor de tu cara, desmerecida. He dejado de hacerte daño con mi amargura, ¿verdad?. Ahora debes de estar más tranquilo. Hazlo, porque yo ya estoy decidida a ser disciplinada en “pensamiento y acción” . Ese es el camino a Dios según me han dicho. Así lo voy a recorrer, con los buenos recuerdos a mi lado. No es consuelo que yo haya tenido lo que otros no han conocido y probablemente nunca conozcan. No es consuelo, es sólo una triste noticia más. Mayor consuelo sería que otros lo conocieran, porque al menos me entenderían. Entenderían que a pesar de todo pueda ahora decir que poco a poco estoy mejor. Porque la fuerza que me da nuestra historia permite que no cese en el empeño de construir con todo cuanto tengo una realidad que mejore mi vida y la de cuantos me rodean. Te echo de menos. Cada día te quiero más, pero no voy a quedarme anclada en el pasado. Nuestro futuro es hermoso, porque mientras estemos separados, aprenderemos cosas que nos harán crecer. Y cuando volvamos a encontrarnos, seguiremos teniendo infinidad más que compartir. Tengo tantas ganas de volver a estar contigo...

Soto, 3 de Septiembre de 2000

Uno de los handicaps que tengo, es el cansancio. Aveces me cae como una losa, y no puedo siquiera moverme con soltura, sino sólo como un mendigo enfermo por las calles. Con pasitos cortos y esforzados, con el cuerpo curvado por la sumisión que dan los golpes en nuestra espalda Es un cansancio que se me hace ancestral. ¿Recuerdas como me despertaba cada día dolorida? ¿Mis músculos entumecidos y mis articulaciones doloridas? Eso no ha cambiado, y ahora se hace más duro soportarlo sin tus caricias y ternuras de la mañana. Y como sigo sin tener mesura en mi actividad, sobretodo aquí en nuestra casa, en nuestra parcela, paso de un vegetar en el sofá, mirando al horizonte, a una actividad frenética hasta que ya ni un milímetro de mí puede hacer un esfuerzo más. Te veía el otro día regañándome mientras recogía todas aquellas piedras. “Pero Raquel, descansa, respira, no lo tienes que acabar todo hoy. Disfrútalo!”. Yo misma sabía que no hacía bien, que me exigía en tiempo y forma más de lo que debía hacer, más de lo que podía. Pero no me es posible hacerlo de otro modo. Así, al menos, no pienso. La cabeza se queda hueca por fin, vacía. Y nuevamente, agotada, busco mi respiración, a ver si un día, tras ella, ese diamante que se esconde humildemente dentro de cada uno de nosotros, me dice que es lo que me he quedado a hacer sin ti. Ya no busco entender porqué tuvieron que llevarte de mi lado. Ahora sólo aspiro a entender que tarea me queda aquí. Y mientras, me entretengo, haciendo salir adelante pequeños y grandes proyectos, teniendo siempre en mente que, en cualquier momento, todo puede desaparecer, como así ha ocurrido antes. Procuro tener en cuenta que todo lo que lleve a cabo, será porque y hasta que él lo permita. No me llevo bien con él, y lo lamento. Me gustaría ser para él una mejor criatura, tan querida por él como antes me sentía, pero soy como soy. Dicen que él exige más a los que más quiere. A mi eso me da igual, no puedo saber si es cierto o no. No me llevo bien con él por que estoy asustada, muy asustada. Ahora en lugar de amarle le tengo miedo. Por que está siempre vigilando mis pasos, y tengo miedo de que me vuelva a hacer sufrir de este modo si alguna vez me recupero de este golpe. No quiero salirme de sus planes, pero maldita sea!, no los conozco!. No se. Tengo mucho miedo, mucho miedo. Ni siquiera se a que, pero estoy aterrada. ¿Y si mi error fue quererte más que a él?. No lo evitará de este modo, te lo aseguro. Todo cuanto me pide es tan difícil. Separarme de ti, mantenerme entera, aprender a vivir con este dolor, tener paciencia, seguir preocupándome de los demás. Seguir en definitiva estando en el mundo del modo que se debe hacer. Es sólo el deber lo que me empuja, no las ganas. O quizás la soberbia, el decir, “muy a pesar de lo que me has hecho, no acabarás conmigo. No me convertirás en un ser amargo, incapaz, negativo. Ni me convertirás en un ser vengativo. No lograrás que me enfrente al resto de mis semejantes, que pasan por tu mano soportando la gratuidad, la arbitrariedad con que repartes tus bendiciones y castigos. No podrás conmigo”. Y puede si, ser la soberbia lo que quiere que desaparezca de mi, para sustituirlo por la humildad hacia su creador del que es sólo un objeto creado. Y quizás lo consiga, mediante el miedo que ha imbuido en mis entrañas.

Y ni tan siquiera me da el consuelo de darme la esperanza de que mi estancia aquí sea para algo grande, algo por lo que merezca la pena tanto esfuerzo, tanto cansancio, tanto no saber, no entender.

Enrique de repente me encuentra llorando frente al ordenador, y me dice que soy masoquista. Que fácil es juzgar desde fuera lo que sólo son apariencias. O que difícil es aceptar al ver llorar a un amigo, que ello forma parte de su proceso de curación, de desarrollo. Cuanto nos cuesta aceptar el dolor, propio o ajeno. Y sin embargo, ya deberíamos haber aprendido. Es algo tan cotidiano como desayunar. Y nos empeñamos en negarlo, en esconderlo. Igual que escondemos el amor. Igual que escondemos todo lo que es profundo. Quién puede decidir, juzgar, o decir cómo han de superarse los baches que a cada uno se no presentan... ¿quien conoce todos los hechos, todas las múltiples realidades que se encuentran tras la vida de cada ser? ¿Quién, si nadie puede tan siquiera juzgar su propia realidad? Son sólo opiniones. ¿Quién lo haría mejor? ¿Tu?. ¿O tu también te encontrarías tan perdido como yo? Es más fácil, más lógico, y más infrecuente estar para compartir, para compartir todo, lo bueno y lo no tan bueno. Y tú, eso si lo sabías. Tu simplemente compartías, sin juzgar. Ése es sólo uno más de los motivos por los que te amo y te hecho de menos.

Soto, 8 de septiembre de 2000 (19 horas)

Hoy he soñado contigo. Ha sido triste mi día tras el sueño. Estaba sola. Debíamos de haber discutido y decidido separarnos temporalmente. Estabas en Castellón, y yo te echaba tanto de menos que decidí llamarte para arreglar lo que fuera que andaba mal. Tu padre cogió el teléfono, y te pasó la llamada. Y yo te conté que necesitaba verte. Me dijiste “ en un par de horas estoy allí”. Te dije que no hacía falta que fuera tan rápido, que vinieras tranquilo, y como el pensamiento es más rápido que la luz, de repente estabas frente a mi. Hablamos, nos abrazamos, y yo te dije que pasara lo que pasara, yo te quiero y quiero estar contigo. Te dije que había intentado dejarte tranquilo, arreglármelas sin ti, pero que no era capaz. Y tu frase fue “¿realmente lo has intentado de verdad, o lo has intentado sólo superficialmente?”. Tu eres así de directo, y no quieres hacerme daño, pero me dices eso, y es un reproche. Una especie de... lo tienes que conseguir cueste lo que cueste, y puedes hacerlo si de verdad quieres, si de verdad me quieres... Y Dios mío, claro que lo he intentado. Sigo intentándolo, y no lo consigo. Aunque logre no centrar mi vida en mi pérdida, tu estás ahí, profundamente arraigado en mi alma. No se como explicarte. Es que tu dabas vida al mundo por el sólo hecho de estar. Le dabas sentido. Y hoy, tratando de dejarte a un lado, de no hacerte más daño con mi tristeza, me humillo ante Dios, y le pido clemencia. Rezo y le digo, que ya he entendido que no puedo aspirar ni debo, a entender el porqué, que ya he entendido que sólo el manda, que sólo el sabe lo que viene después de cada instante. Que sólo le pido que me ayude a afrontar este momento, esta vida que me ha tocado por su propia decisión, no la mía. Me pongo en sus manos, como una esclava, y espero así lograr que acepte ser compasivo, que me de una señal de para que me ha dejado aquí. Que me de una señal de que es lo que quiere de mi. No puede ser sólo estar. Por favor, no puede ser sólo eso. Pero incluso eso he de ser capaz de aceptarlo, si el así lo decide. No puedo hacer nada, más que esperar. Mi miedo no ha pasado. Sigo teniéndole miedo, porque él es también el que administra el mal, y a mi me lo administra sin previo aviso. Y tengo tanto miedo que creo que es por eso que desde el accidente mi pulso no deja de temblar. Quiero que al menos, el me acepte. Ahora, no tengo a quien recurrir, nadie a quien pedirle ayuda. Y ese ser interior que dicen tenemos dentro, ha callado. No se si para siempre. Contigo se fue la magia de la vida.

Y nadie escucha a mi corazón. Nadie puede, porque nadie sabe lo que hay en él, ni yo misma, y lo poco que logro decir sobre ello es tan duro de aceptar, que nadie, y mucho menos los que me quieren, quiere oírlo, nadie sabe oírlo y consolarme. Se que hay tanta gente infeliz, en la pura calamidad. Pero no puedo dejar de pensar en mi, en como estoy, en el miedo que tengo de no salir adelante, de no recuperar una cierta paz interior. Una cierta confianza en la vida. Vivo con miedo, y nadie lo sabe. Vivo con miedo, y sólo me queda este diario, y humillarme cada noche ante él, ante Dios, para que se apiade de mi, y me de una señal de que me escucha.


Soto, 9 de Septiembre de 2000 (22:43)

Un día mas acaba. Un día de aparente normalidad, en que he hecho algunas cosas que tenía pendientes. No he conseguido localizar a Olivier y Françoise para despedirme de ellos. Pero no importa, les localizaré mañana.

Esta noche no quiero llorar. Dejaré que el día acabe con la misma normalidad. Así es como denomino a la vida sin sabor, sin sentido, sin nada. Así ha pasado, y mejor que acabe así. No quiero llorar esta noche.

Estoy cansada, y sólo veré la tele, hasta que mi cabeza quede hueca, como mi corazón. Sólo quería darte una vez más las gracias por haber estado en mi vida, por haber permitido que en ella se asentaran los principios y creencias que me mantienen en pie. Por haber elevado mi concepto del ser humano, por haberme regalado tanto amor, tanto amor y de tanta calidad. Buenas noches mi vida.

Madrid, 5 de julio de 2001

No se como soltar todo lo que agarra mis vísceras estos días. Se que es la soledad, la intensa y profunda sensación de soledad lo que me hace sentirme así. No estoy abandonada. Ayer, Al Wali, el que gobierna, el amigo, me acompañó hasta que me acosté. Lloro sólo cuando estoy sola. No se porqué lo hago, ni porqué sólo puedo hacerlo sola. Sobretodo en el coche. Quizás porque siento que no puedo compartir todo esto, ya que de hacerlo, además de sola por dentro, estaría sola por fuera. ¿Necesito un amor?. ¿Un amor que te sustituya?. Aveces creo que si, y según lo pienso me doy cuenta de que no estoy preparada. Necesito alguien extraordinario como tu. Alguien que, aunque no esté a mi lado, perciba cuando hay necesidad en mi, alguien que me haga sentir que existo, que importo. Ya que no soy capaz de sentirlo de Dios, aunque sepa que para el sí existo, sí importo. Sus señales no son como eran, pero al menos las da. Necesito estar cerca de Agha. Necesito un abrazo diario, de alguien a quien le importe lo que tengo en mi corazón. Porque, aunque no es la vitalidad y la ilusión de antes, sigue habiendo un cielo estrellado de ternura, de pasión, de entrega...¿Y no se está malgastando con el desuso?.

No hay comentarios:

Publicar un comentario